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Somos nuestros recuerdos

26/05/2017

Sé que os debo la continuación de mi historia ¡pero tengo tanto que contaros! pero todo llegará.

 

Mientras os escribo, escucho “Slipping Away” de Jacob Miller, Matt Naylor y Steven Stern (canción 100% recomendable) y no he podido evitar ponerme algo apenada, abatida, llorosa y sí, triste. Lo que os voy a contar hoy, ocurrió antes de comenzar ningún tratamiento, en pleno auge de mi enfermedad y en mi etapa en Madrid.

 

Durante finales del 2006 y principios del 2007 estuve en Madrid estudiando un Máster, vivía sola y el tema del alcohol y la comida se complicó, pero no ocurrió nada especial, me refiero a que no pasó nada diferente a los años anteriores en la Universidad. Luego me fuí unos meses a Londres a estudiar la segunda parte del Máster y ahí el tema de la comida se me hizo más difícil ya que vivía con 3 compañeras más (por cierto, grandes personas). Cogí bastante peso porque perdí el control de la comida por completo y como en la mayoría de las ocasiones se me hacía difícil ir al baño pues me quedaba con el atracón puesto (cosa que para una bulímica era algo bastante intolerable). Entonces pasé de atracones y vómitos a la etapa posterior al accidente donde me atracaba pero sin vomitar. Volví a España y fui a Madrid a trabajar durante un año y algo y por fin tenía la ansiada libertad, volvía a vivir sola. De nuevo volvieron los atracones diarios y los vómitos.

 

Estando en la cama, uno de esos días de agosto en los que no puedes dormir del calor, me vino a la mente que mi padre tenía una cámara de vídeo y recuerdo que grababa muchas de las ocasiones especiales como mi comunión, sus viajes, algún día de vacaciones en la playa, fiestas navideñas, etc. Pensé, ¿dónde estarán las cintas? ¡tengo que hacerme con ellas! ¿las encontraré? pero por otro lado, me recorría un hilo de miedo de la cabeza a los pies, ¿querré verlas? después de 10 años, ¿cómo me sentiría al ver sus caras de nuevo? ¿escuchar sus voces? Realmente no sabía si estaba preparada para ello.

 

Un fin de semana que iba a ir a Ponferrada (lugar donde nací), no sé si ya os lo había dicho, con pie firme bajé a mi casa. Mi casa….la casa donde viví hasta que mis padres y mi hermano se marcharon, esa casa siempre la he sentido como si fuera de ellos y no mía, como si algún día fueran a volver. Allí, hay cosas que 20 años después, están intactas, como los cereales en la despensa, siempre, siempre, siempre que voy, abro la puerta, miro los cereales y  la vuelvo a cerrar. Yo misma me decepciono al ver que los cereales siguen en el mismo sitio. ¿Por qué no soy capaz de tirar esa caja de cereales? ¿Acaso alguien va a ir a desayunar y menos a comer esos cereales? ¡Oh dios! Muchas veces me digo que esa casa ya no es lo que era y que tiene que dejar de ser lo que es, ya no es lo que era, NO. No es un mausoleo y algo tengo que hacer con ella, pero bueno eso ya es cosa aparte.

 

Volvamos al tema, bajé a mi casa a buscar algo…a buscar un ápice de recuerdos, como si los que hubiera ya fueran pocos, pero yo quería más, yo quería vida. Busqué y rebusqué y encontré al fin las cintas. Mi padre era muy ordenado y las tenía todas con sus títulos. En aquella época, las cámaras de vídeo no eran como las de ahora, grababas en cintas que metías en los cassettes para verlos en la tv. Mi problema era que en mi casa ya no funcionaba el vídeo vhs y en Madrid pues como que ya no hacía uso de esa tecnología obsoleta. Tenía un portátil que leía CD y DVD ¿qué hacía con las cintas y un portátil?

 

Pues bien, volví a Madrid y me informé por internet de sitios que pudiesen hacer la conversión a CD o DVD y no os creáis que hay muchos…Quizás ahora, 10 años más tarde habrá más. ¡Encontré 1! El hombre hacía el trabajo en su casa y en el quinto pino, pero a mi eso me daba bastante igual. Fuí, llevé todas las cintas, le dije lo que quería y me dijo que todo dependía del estado en el que estuviesen, pero que en principio no debería de haber ningún problema y que en tres días estuviese allí.

 

En tres días no dormí, pensando en lo que habría en esas imágenes, a quién vería, a quién oiría….¡en fin! Llegó el día, salí de trabajar y me dirigí a la casa del hombre que me haría feliz, ¡feliz! repito que la felicidad son momentos, ¡lo son! no cabía en mi misma de FELICIDAD. Llegué al portal, le pagué al taxista, de la felicidad le debí de dejar más propina de lo normal, qué más daba, lo que me esperaba era algo grande. Mi corazón palpitaba a 1.000 por hora, llamé al timbre, me abrieron, cogí el ascensor, llegué a la puerta y ya estaba aquel buen hombre esperándome con una bolsa en la mano. No le dije ni hola, le dije ¿las cintas estaban bien? él respondió: sí, sí (sorprendido por cómo había llegado, acalorada y bastante excitada) tampoco dijo hola, no le había dejado opción. Le pagué y le dije millones de gracias, esto es muy importante para mí y él mirándome medio raro, dijo, de nada, hasta luego y yo: hasta luego. Pensaría vaya chica más rara.

 

Cogí otro taxi, abrí la bolsa y ví 2 dvd con títulos, me puse muy nerviosa. Llegué a mi parada pero yo no quería ver los vídeos. Tenía sentimientos encontrados. No sabía si quería enfrentarme a aquello. No sabía si estaba preparada, pero profundamente deseaba hacerlo. Pero hice tiempo porque no estaba segura. Me dí un paseo, entré a cenar en un restaurante, me pegué un atracón (emociones que no sabía gestionar), llegué a casa, fuí al baño, puse la tv, me tomé una coca-cola, mi corazón iba cada vez más rápido, miraba los dvd una y otra vez…hasta que a la 1 de la mañana me decidí a abrir el portátil.

 

Mis manos temblaban como nunca, era tan consciente de mi respiración, que era lo único que escuchaba, pero era tan importante para mi el volver a verlos, aunque sólo fuera a través de una pantalla…Y ahí en el primer vídeo apareció mi madre. Esa voz, esa dulzura y su cara…de nuevo volvía a ver su cara, era tan nítida, era como si la tuviera delante de mi otra vez más, quería hablar con ella, tocarla, decirle cuánto la echaba de menos…En uno de los vídeos me cogía de la mano, Dios, ella cogiéndome de la mano…Lo que daría ahora por un segundo a su lado…

 

Mi padre sale poquito porque es el que graba, sale en una imagen y es suficiente para aferrarme a ella y mi hermano…tan joven…ya no tengo más palabras.

 

Sé que vi los vídeos varias veces seguidas, gasté varios paquetes de kleenex y me acosté a las 4 de la mañana.

 

A día de hoy, esos vídeos salvan mis días malos y tristes.

 

Doy gracias a mi padre por haberme dejado esas cintas. Gracias papá.

 

Me gustaría dejaros la traducción de la canción que os comentaba al principio.

 

“Slipping Away”:

 

Si tu amor es coraje
Puedo ser ayudado
Sigue haciendo lo peor
Estoy bajo tu hechizo
Abrázame hasta que me duela
Yo cierro mis ojos
Envuélveme en tus alas
Y di que eres mio

 

Nunca te dejaré escapar
De mis manos, de mis manos
Es como si estuviera en un sueño, cuando estoy despierto
Llamando tu nombre, llamando tu nombre
Y seguiré alcanzando, sosteniéndote
Porque nunca te dejaré escapar
De mis manos, de mis manos

 

Como una pistola humeante
Yo quemo para ti
Baby podemos correr
No tienes nada que perder

 

Eres mi sol en la noche
Me mantendrás vivo
La razón por la que mi corazón late
nunca voy a morir
Brillas como un premio
Me llevas tan alto
Y no voy a llorar más
Millas de distancia dentro

 

Nunca te dejaré escapar
Nunca te dejaré escapar
Seguiré alcanzando, sosteniéndote
Porque nunca te dejaré escapar
De mis manos, de mis manos


YO OS DEJÉ ESCAPAR
Perdonadme


Cepeese.-

 

 


Gracias por leerme. 

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Y ellos se fueron - YouTube

03/07/2017

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La historia de una niña de 13 años con trastorno de estrés postraumático en continua lucha de superación personal, búsqueda de la felicidad y motivación para salir del abismo de la bulimia; uno de los trastornos de la conducta alimentaria TCA más comunes. 

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